ANOMIA: Elogio y Refutación de la Memoria
anomia/1.
(Del gr. ἀνομία).
1. f. Ausencia de ley.
2. f. Psicol. y Sociol. Conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación.
anomia/2.
(Haplología de an-1 y el gr. ὄνομα, nombre).
1. f. Med. Trastorno del lenguaje que impide llamar a las cosas por su nombre.
LIBERAR LA EXPERIENCIA DE LA MEMORIA
Yo, como tú, he intentado con todas mis fuerzas de combatir el olvido. Como tú, he olvidado. Como tú, he querido tener una memoria inconsolable, una memoria de sombras y de piedra. He luchado todos los días, con todas mis fuerzas, contra el horror de no comprender del todo el por qué del recordar. Como tú, he olvidado. ¿Por qué negar la evidente necesidad de la memoria? Marguerite Duras, guión y diálogos del film “Hiroshima Mon Amour” de Alain Resnais, 1959.
El ciclo Anomia. Elogio y refutación de la memoria que presentamos en la 19a Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona, se compone de un conjunto de películas que tiene como denominador común indagar en renovadas estrategias de representación de la memoria y las narrativas de género. A la hora de elaborar los dos programas que presentamos, hemos tenido en cuenta el carácter polisémico del término anomia para hablar de la memoria desde dos perspectivas. Por una parte, mediante la recuperación crítica de la historia familiar a modo de contrapunto entre la memoria oficial y la omitida, como bien plantean las propuestas narrativas del colectivo Klub Zwei y de la creadora Maya Schweizer, ambas centradas en testimonios femeninos vinculados a los acontecimientos ocurridos durante la última guerra europea. Por otra, incidiendo en relatos que consiguen transgredir las convenciones que la ideología de estado impone a la memoria y el cuerpo. En el videoensayo “Passing Drama”, Angela Melitopoulos traza el éxodo vivido por su familia desde Grecia a Europa Central, cuyas memorias fragmentadas y remezcladas, transferidas de una generación a la siguiente, configuran el relato del refugiado y su condición. Mientras, el documental de Gabriela Guillermo toma la metáfora de la locura como lugar para hacer visible la oposición entre memoria, olvido y enajenación en el contexto del Uruguay contemporáneo.
El cine produce un corte en el flujo de la memoria como registro de los acontecimientos históricos, recreación y documento de lo que ya no existe. La materia del cine y la memoria es aquello que llamamos tiempo. En suma, el cine no nos da una imagen a la que se le añadiría el Tiempo, sino que nos da inmediatamente una imagen de la memoria. Nos da un corte sobre una realidad que encuadra y selecciona pero es un corte móvil sobre el presente, el futuro y pasado. El ciclo Anomia. Elogio y refutación de la memoria se centra en la exploración de la memoria como una parte activa del material que se une al sustrato del olvido y el silencio. Y es aquí donde la anomia enuncia procesos históricos en los que las mujeres han ejercitado la memoria oral como un espacio de denuncia, de conciencia social y experimentación, sobre la experiencia de lo vivido. La memoria como ejercicio de desordenación activo pero también como una renuncia al olvido.
LAS COSAS SIN NOMBRE
Las fotografías que todos reconocemos son en la actualidad parte constitutiva de lo que la sociedad ha elegido para reflexionar, o declara que ha elegido para reflexionar. Denomina a estas ideas “recuerdos”, y esto es, a la larga, mera ficción. En sentido estricto no existe lo que se llama memoria colectiva: es parte de la misma familia de nociones espurias, como la culpa colectiva. Pero sí hay instrucción colectiva. Susan Sontag: Ante el dolor de los demás, 2003.
Filmar, nombrar, registrar, fotografiar la memoria afectiva y cómo la historia incide en las relaciones personales, la sexualidad, el amor y el activismo político, es el nexo que une los filmes que forman este ciclo. Elogiar la memoria para refutar la materia del tiempo. La distancia que el tiempo da a las cosas para dejar de nombrarlas desde esa otra memoria estado-nación que se impone sobre las mujeres y que termina por anular a quienes la memoria de los hechos deja de nombrar. El desplazamiento en el tratamiento de la memoria que proponemos supone entonces considerar la política de la memoria como una política del deseo.
Este ciclo es deudor de aquellas narrativas cinematográficas y documentales (autor=s como Helke Sander, Margarethe von Trotta, Marguerite Duras, Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, Jane Cottis, Chantal Akerman, Claudia von Aleman, Yvonne Rainer, Abigail Child, Su Friedrich, Peter Forgács o Yervant Gianikian y Angela Ricci Lucchi, entre otros) que refutan las relaciones entre la memoria, la ideología y el poder, para reconstruir, mediante estrategias experimentales, las voces olvidadas, los acontecimientos de lo cotidiano, las experiencias que habían quedado en la oralidad, y lo privado del discurso público de la historia que busca apartarse de los lugares comunes del trauma y la victimización que el relato mediático reifica en los usos del testimonio. Prácticas de la imagen que unen la política de la memoria con la política de los afectos, fundamentadas en la reconstrucción de fragmentos propios y adquiridos y en la búsqueda de archivos inéditos o privados para deshacer las versiones oficiales de la historia. En este sentido, Anomia. Elogio y refutación de la memoria parte de un planteamiento sobre las formas de representar la memoria que pone de manifiesto los procesos de construcción de los relatos, partiendo de hechos reales o ficticios, que revelan una permanente negociación entre las imágenes y a quienes representan.
La producción de imágenes en el pasado llamadas amateurs y hoy día amplificadas por las tecnologías audiovisuales, propone la convergencia de las videograbaciones, fotografías y sonidos, cuya postproducción nos remite a un sampleado de la experiencia que definitivamente anula la idealización de los recuerdos. Hablamos entonces de una memoria postproducida, a modo de historias de vida que dan paso a ficciones o relatos de vida compartidos. Hablamos de una postmemoria de lo cotidiano, de una etnografía de lo mínimo en el sentido que Marianne Hirsch exploró en su libro Family Frames: Photography, Narrative and Postmemory (1997). La postmemoria es una poderosa y muy particular forma de memoria precisamente porque su conexión con su objeto o su fuente está mediada, no a través de la recolección, sino por su instalación, su investidura y creación (Hirsch:1997). Esto no implica decir que la memoria en sí misma esté mediatizada, sino que refuerza la idea de que ésta se conecta al pasado más directamente a través de las imágenes que ha generado la experiencia. Su ámbito no es el del pasado, tampoco el del presente, sino el del futuro.
Virginia Villaplana - Montse Romaní / marzo 2011
Programa proyectado en la 19 Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona ( 26 mayo-5 junio 2011)





